
Comprar una consola en España en 1995 no era una compra menor, aunque la memoria a veces lo suavice. Ese año, la PlayStation llegó a España con un precio recomendado de 59.995 pesetas, mientras que Sega Saturn salió por 69.990 pesetas y la 3DO había arrancado en el mercado español con un precio oficial de 99.900 pesetas.
Cuál era el sueldo medio de referencia en 1995
Para medir bien ese esfuerzo hay que poner esos precios al lado del salario. La ganancia media anual por trabajador en 1995 fue de 16.764 euros, equivalentes a 2.789.295 pesetas al año. Repartido en 12 pagas, el sueldo medio mensual rondaría las 232.441 pesetas. Pero, una vez más, conviene recordar que la mediana salarial fue inferior, con 13.442 euros anuales, es decir, unos 186.380 pesetas mensuales en 12 pagas.
Qué parte del sueldo costaba una consola
Puesta frente al sueldo medio mensual en 12 pagas, una PlayStation suponía alrededor de 0,26 meses de salario. Una Sega Saturn se iba a unos 0,30 meses, y una 3DO rozaba ya los 0,43 meses de sueldo medio. Dicho de forma sencilla: una consola de 1995 podía costar entre una cuarta parte y casi la mitad de un sueldo medio mensual.
Si en vez de usar la media se toma como referencia la mediana salarial, la presión era todavía mayor. En ese caso, una PlayStation se iba a 0,32 meses de salario, Saturn a 0,38 y 3DO a 0,54 meses. Es decir, para una parte importante de los trabajadores, comprar una consola potente en 1995 podía acercarse bastante a medio sueldo mensual.
Tabla comparativa: consola y esfuerzo económico en 1995
| Consola en España en 1995 | Precio | Meses de sueldo medio (12 pagas) | Meses de salario mediano (12 pagas) |
|---|---|---|---|
| PlayStation | 59.995 ptas | 0,26 | 0,32 |
| Sega Saturn | 69.990 ptas | 0,30 | 0,38 |
| 3DO | 99.900 ptas | 0,43 | 0,54 |
La tabla refleja bastante bien el contexto real: una consola no era inaccesible, pero tampoco un gasto ligero. Para muchas familias había que pensárselo, especialmente si además se sumaban mandos, memory cards o juegos.
El problema no era solo la consola: también los juegos
El desembolso real casi nunca se quedaba en la máquina. La prensa especializada recuerda que los videojuegos de consola de aquella época ya se movían en el entorno de las 10.000 pesetas, de modo que entrar de verdad en una plataforma nueva implicaba gastar bastante más que el precio de la consola sola. Por eso 1995 fue un momento en el que la compra de una máquina de 32 bits seguía teniendo bastante peso dentro del presupuesto doméstico.
Qué significaba eso para una familia media
A mediados de los 90, una consola de nueva generación era todavía un producto importante dentro del hogar. No estaba al nivel de un coche ni de un ordenador completo, pero sí muy por encima de un gasto cotidiano. Para un adolescente o una familia con hijos, comprar una PlayStation o una Saturn podía encajar como regalo grande, compra navideña o capricho tecnológico puntual, no como un gasto sin importancia.
Comparación con la actualidad
La referencia actual es bastante distinta. En la tienda oficial de PlayStation en España, una PS5 de 1 TB figura a 649,99 euros, mientras que el INE situó el salario medio anual bruto por trabajador en 28.049,94 euros en 2023, unos 2.337,50 euros al mes en 12 pagas. Eso hace que una PS5 estándar represente hoy alrededor de 0,28 meses de sueldo medio mensual.
La lectura es interesante: en términos de esfuerzo sobre el sueldo medio, la diferencia entre una PlayStation de 1995 y una PS5 actual no es tan enorme como podría parecer a simple vista. La consola moderna es mucho más cara en euros nominales, pero el salario también es bastante más alto. Aun así, el contexto actual tiene otra presión añadida: vivienda, suministros y coste de vida pesan hoy mucho más sobre el presupuesto general.
Conclusión
Comprar una consola en España en 1995 suponía un esfuerzo real. Una PlayStation costaba unas 59.995 pesetas, una Saturn 69.990 y una 3DO 99.900, lo que equivalía aproximadamente a entre un cuarto y casi medio sueldo medio mensual. Para quienes estaban por debajo de la media, el esfuerzo era aún mayor.
Eso explica bastante bien por qué las consolas de 32 bits se vivían como un salto importante, no solo tecnológico, sino también económico. En 1995 jugar en la nueva generación era posible, sí, pero tenía un coste visible dentro del sueldo y del presupuesto familiar.